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miércoles, 15 de junio de 2011

DESDE MI TEJADO


  Cuando era muy pequeño me gustaba asomarme a la palomera de mi tejado, desde allí divisaba las montañas..., los Morales, el Carril, el Cerro de la Rabosa, el Cerro de la Horca; más allá Monegro y, a lo lejos, Moncayo.
  Con las manos sujetaba mi cabeza y me extasiaba contemplando las higueras de la solana, las copas de los chopos del Alhama, del que sobresalían por encima de los tejados y al frente Aguilar del Río Alhama que por la noche observaba sus luces chispeantes y la luna a través de los árboles mecidos por el viento;
también por las noches gustaba de observar las estrellas y querer ver más allá del firmamento, esperaba que corriera alguna de ellas e intentaba adivinar hasta donde había llegado en su recorrido, me gustaba contemplar la luna y soñar con ella, gustaba de ese silencio que de vez en cuando lo rompía alguna lechuza en los tejados..., y luego, esa quietud.
  ¡Qué hermosos pensamientos llenaban mi cabecita! ¡Cuántos misterios por descubrir! ¡Cuánta poesía en el firmamento!
  Hoy, con mis muchos años, sigo contemplando el mismo panorama desde la palomera de mi tejado, parece que por allí el tiempo no ha pasado, lo digo por mis canas.
  Desde mi tejado, apoyado en mis manos volaban mis pensamientos como pasaban volando las golondrinas; mis pensamientos saltaban de tejado en tejado como los gorriones saltan de teja en teja, como los estorninos iban de antena en antena.
  Después que han pasado todos estos años y profesar como poeta, sigo mirando al firmamento pensando qué es lo que habrá más allá, siempre la misma pregunta.
  Cuando le preguntaba a mi padre él me decía..., ves ese tejado, pues detrás hay otro; ves ese monte, pues detrás hay otro monte, pero la incógnita de qué habría más allá nunca se marchaba de mí, ¡Todo un misterio!
  Hoy he vuelto a mi tejado y sigo viendo lo mismo..., los mismos tejados, las mismas antenas, las mismas golondrinas y las mismas copas de los árboles; también están las higueras y los gorriones.
  Ahora mis pensamientos vuelan más lejos y se afanan en conseguir plasmar en prosa o verso todo lo que contemplo desde mi tejado.
  ¡Qué placer ser niño y contemplar el mundo desde la palomera de mi tejado! ¡Qué placer ser viejo y seguir contemplándolo desde el tejado añorado!
  ¡Será que he envejecido demasiado, o será que nada ha cambiado!

Reflexiones, de mi libro "CANTOS AL AMANECER"

martes, 7 de junio de 2011

REFLEXIONES DE UN POETA

  Las horas caminan entre poesías, mil juegos de palabras entre verso y verso..., mil juegos de raras frases y de ojeadas, mil pensamientos esperando que me conduzcan a algún lugar..., perdido estoy en un mar de decisiones que me hacen pensar..., sigo arduo en mi camino lleno de tecnicismos, hasta quedar prendidos en el más justo lugar.

  Elimino imperfecciones y comienzo a perfilar..., lágrimas, sonrisas, besos y miradas de bondad..., mientras pasa la noche y me hago un poco viejo más..., me apetecen sueños de alegría, de amor y de solemnidad..., hoy me pierdo en mi cerebro y no sé como explorarlo ni cómo mi tiempo ocupar..., me pierdo entre la vaguedad de mi cuerpo, entre el cansancio y la soledad, entre los pasos sobre letras que avanzan en mi sosiego y me hacen meditar..., siento la profunda necesidad de escribir y contar toda mi verdad.

  Para mí esto es un reto..., vivo ajeno a toda ésta sociedad virtual, vivo escondido de ésta nueva sociedad normal, pretendo que me entiendan, pero si no es así lo siento. Tal vez deba admitir que la escritura es un recurso para escapar, o para conocerme un poco más..., a veces creo que es mi forma de comunicarme con otras personas que están más distantes o quizás más allá...
  O a lo mejor no tenga nada que contar, o que nunca lo he tenido y resulta que la escritura toma un valor secundario..., a lo mejor la soledad ya no me aterre y comprenda un poco más lo que nunca me supieron enseñar... O tal vez sea un lobo solitario entre la extensa estepa y el campo de batalla al que nunca me imaginé que tuviera que ir a luchar.

  No teman, mi comprensión es soportable, mi capacidad racional es lo suficientemente normal como para continuar, nunca me rendiré, tal vez me quede en forma de resistencia, hasta la próxima vez que me dé un ataque de debilidad..., a lo mejor todo es mentira y yo ni siquiera existo.