viernes, 20 de marzo de 2015






















REFLEXIONES DE UN POETA

  Las horas caminan entre poesías, mil juegos de palabras entre verso y verso..., mil juegos de raras frases y de ojeadas, mil pensamientos esperando que me conduzcan a algún lugar..., perdido estoy en un mar de decisiones que me hacen pensar..., sigo arduo en mi camino lleno de tecnicismos, hasta quedar prendidos en el más justo lugar.

  Elimino imperfecciones y comienzo a perfilar..., lágrimas, sonrisas, besos y miradas de bondad..., mientras pasa la noche y me hago un poco viejo más..., me apetecen sueños de alegría, de amor y de solemnidad..., hoy me pierdo en mi cerebro y no sé como explorarlo ni cómo mi tiempo ocupar...

Me pierdo entre la vaguedad de mi cuerpo, entre el cansancio y la soledad, entre los pasos sobre letras que avanzan en mi sosiego y me hacen meditar..., siento la profunda necesidad de escribir y contar toda mi verdad.

  Para mí esto es un reto..., vivo ajeno a toda esta sociedad virtual, vivo escondido de esta nueva sociedad normal, pretendo que me entiendan, pero si no es así lo siento. Tal vez deba admitir que la escritura es un recurso para escapar, o para conocerme un poco más..., a veces creo que es mi forma de comunicarme con otras personas que están más distantes o quizás más allá...

  O a lo mejor no tenga nada que contar, o que nunca lo he tenido y resulta que la escritura toma un valor secundario..., a lo mejor la soledad ya no me aterre y comprenda un poco más lo que nunca me supieron enseñar... O tal vez sea un lobo solitario entre la extensa estepa y el campo de batalla al que nunca me imaginé que tuviera que ir a luchar.

  No teman, mi comprensión es soportable, mi capacidad racional es lo suficientemente normal como para continuar, nunca me rendiré, tal vez me quede en forma de resistencia, hasta la próxima vez que me dé un ataque de debilidad..., o a lo mejor todo es mentira y yo ni siquiera existo.
 
Página 9 de mi nuevo libro "REFLEJOS DEL PASADO"

miércoles, 18 de marzo de 2015


INESTRILLAS

PRINCIPIO y fin de mis risas y mis llantos.

Madre que diste de tu pequeño vientre

tanta belleza en tu boscaje verde-oscuro,

largo río de azur y de flores entre grana y oro,

ruiseñores henchidos de amor en sus cantos.


Yo te entrego la pluma con la que forjé mis versos.

Los cantos a mi valle al que tanto amo y reverencio,

y te entrego mi anhelo, mi nombre y mi sueño

y el polvoriento campo callado y solitario,

y mis libros llenos de armonía que son mis tesoros.


Y te entrego el sol cayéndose y la luna levantando

y entre el sol y la luna este valle inmenso adormilado.

Inestrillas, Día de Todos los Santos de 2013

domingo, 8 de marzo de 2015


DOLORA


Recuerdo hace unos años
en una tarde serena,
a una joven cariñosa
pura, hermosa y linda ella.
Estábamos en el prado
sentados junto a la hiedra,
mirando en las aguas del río
cómo brillaban las piedras.

¡Ya no somos como entonces,

ni tampoco quinceañeras,
somos llama que se apaga
sin luz ni calor siquiera!
Ni tú tampoco eres igual,
no eres ya la que antes eras,
nos han cambiado los años:
¡yo estoy sólo y tú estás muerta!

Te susurré al oído un canto

y..., inclinaste la cabeza,
llorabas como una niña,
y vi en ti la primavera.
Prometimos para siempre,
cariño eterno, y entrega,
y llevar siempre en nosotros
junto al amor la inocencia. 

   
Los mirlos fueron testigos
de este encuentro tan supremo,
las aguas del rio Alhama,
y las flores de esta tierra...,
nubes que cruzan veloces,
brisas que rápidas vuelan,
cantos de las hojas secas
y el murmullo de las eras.

Entonces no consultamos

por nuestra suerte postrera,
y en brazos de la confianza
nos hicimos mil promesas;
sin notar que en nuestro entorno
ya se encontraban enfermas
sobre las lánguidas ramas
las flores de primavera,


y en aquel idilio loco
no reparamos siquiera
¡que yo al fin estaba solo!
¡Y que tu estabas ya muerta!
Luego en eufórico ruido
llegaron danzas y fiestas,
enseñando al mundo altivo
su guapura y su nobleza.


El elogio que enloquece
con engaños que envenenan,
anularon mi memoria
pisoteando tus huellas;
pero el arcángel custodio
que vigila la inocencia,
te defendió del agravio
y de ilusiones perversas;

conservo los dulces sueños

para una gloria más cierta,
y en lo profundo del alma
guardo todas las esencias,
los recuerdos apacibles
de aquellas tardes serenas
¡Bienaventurados consuelos,
tristezas de la inocencia!...

No tuve quien me cuidara,

ni quien calmara mis penas,
y en aquel mismo momento
entró en crisis mi estrella;
en un estrado una noche
al dulce son de la orquesta,
yo no se por qué razones
se enturbiaron mis ideas;


sentí misterioso dolor
que me fue acercando a ella,
sospeché lo venidero:
¡me vi solo y la vi muerta!
Estos dudosos temores
me llevaron a otras tierras,
allí escribí mis recuerdos
con expresiones acerbas.


Sentencié su amor junto al mio,
y suavi mi entereza,
y dudando en mi regreso
enterré su imagen bella,
pero al tornar a mis tierras,
cosas que Dios nos reserva...
¡Tuve un gran remordimiento
con la muerte de mi estrella!


Bajo el cielo de occidente
bañado en dorados regios,
y soplando el fresco cierzo
los eólicos brazos suenan;
ulula el viento en los sauces
y la lluvia fina queda,
se respira el sano entorno,
huele el campo a flores bellas;


al rosario de la aurora
llaman alegres campanas,
y reposando en sus brazos
duerme la naturaleza...
¡Mis ojos se van cerrando
al llegar la oscura sombra!
¡Vengo para estar contigo,
y estás ya bajo la tierra!...


Recuerdo hace unos años
aquella santa promesa,
hoy quiero cumplir mi ofrenda,
¡Y a verte traigo mis penas!
Me enteré de tu pasado...
supe todas tus angustias,
pero algo me está diciendo
que dentro de ti aún me llevas.

Mas..., el placer del pasado

se torna en congoja ahora,
mi recuerdo es un suplicio,
¡Yo estoy solo y tú estás muerta!





Logroño, 7 de marzo de 2015


jueves, 5 de marzo de 2015


A ANA MARÍA

¡Triste de mí! ¡Cómo te amo Ana María!
No amarte sería muy cruel, si a sí fuera,
el mal que yo tengo no lo quisiera,
y las penas que tengo, no las tendría.
 
Quisiera de tu furia me apartaras,
y de ese amor tirano me alejaras,
si con dulzuras al fin me quisieras
cierto que de traiciones reposaras.

Y si no puede ser que yo te olvide,
¿para qué me arrebatas el sosiego
si todo mi esplendor en ti reside?

No encuentro caridad allá en mi ruego
con quien traidoramente me despide
aunque a ceniza me convierta el fuego.


Logroño,1 de marzo de 2015