ANGELUS
DOMINI
Sobre la tranquila montaña flota
y en lo alto del cerro ve que se esfuma
la leal silueta que del alcor brota.
Del cielo en la hermosa y fugaz lejanía
desfallece la luz. Tiembla la loma,
las ondas del sol se colman de aroma
cubren la casa donde vive María.
Suenan los cánticos de los romeros
la tarde se lleva el sol postrimero.
Y se apagan los últimos reflejos.
La Madre del Prado se queda sola
y a media voz, la golondrina calla
su parlanchín trinar, bajo el alero.
¡Ave
María!